La creación del Laboratorio de Investigación y documentación en prácticas artísticas contemporáneas y modos de acción política en América Latina se propone con el objetivo de constituir un ámbito de investigación y de producción y discusión teóricas y críticas en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, orientado al estudio de las prácticas artísticas latinoamericanas contemporáneas y las formas de acción política a ellas asociadas. Se trata, por lo tanto, de contribuir a la producción de conocimiento científico en relación con un conjunto de prácticas y un cuerpo de problemas teóricos cruciales en el arte contemporáneo desde la década de 1960 al presente.

Este proyecto surge asimismo a partir del interés y visibilidad que esta problemática viene teniendo en un conjunto de investigaciones recientes inscriptas en el Programa de Incentivos a Docentes-Investigadores del Ministerio de Educación de la Nación, así como también en el trabajo de becarios y tesistas asociados a dichos equipos. A la vez que constituir un dominio especializado para la radicación de estas investigaciones, es objetivo del Laboratorio el dar difusión a las mismas y generar instancias de intercambio entre investigadores de la Facultad de Bellas Artes con aquellos comprometidos en investigaciones afines en otras instituciones del país o del extranjero.

Uno de los propósitos del Laboratorio es el de potenciar formas de cooperación e intercambio en red con otras instituciones académicas y unidades de investigación involucradas en problemáticas teóricas similares (Centros, Institutos, Laboratorios y Gabinetes de investigación en universidades nacionales y del extranjero), así como museos, centros culturales y archivos públicos o en posesión de artistas comprometidos con estas prácticas.

Otra de las exigencias del Laboratorio, en atención a las políticas de investigación de la Secretaría de Ciencia y Técnica, es la formación de recursos humanos, tanto a través de la dirección de becarios y tesistas de grado y posgrado, como a partir de la incorporación de investigadores noveles y alumnos avanzados en calidad de colaboradores, a quienes se espera dar asesoramiento y seguimiento en el marco de los proyectos a los que se incorporen.

La constitución de un archivo documental es otro de los objetivos centrales de este proyecto. Esta propuesta responde a desafíos específicos que hacen a la investigación del arte contemporáneo, donde el archivo ocupa un lugar destacado. La investigación de las prácticas artísticas contemporáneas es inseparable de una reflexión teórica, epistemológica y política sobre el lugar de los archivos en los mismos procesos artísticos y en tanto que cruciales reservorios documentales para la construcción de conocimiento.

Dentro del ámbito teórico y crítico del Arte Contemporáneo en América Latina, el objetivo del Laboratorio es el estudio de las prácticas artísticas latinoamericanas y las relaciones que sostuvieron con diferentes formas de acción política (que en ocasiones apostaron a movilizar) desde la década de 1960 al presente.

La pregunta por lo político en el arte no se limita a la búsqueda de una determinada referencia o tema en las obras, en tanto mera apelación externa que éstas incorporan al nivel de sus contenidos. Por el contrario, se trata de pensar las relaciones entre arte y política en sus articulaciones complejas y en permanente redefinición, poniendo en cuestión tanto la idea de un rol ilustrativo o subordinado de la práctica artística a la política, así como la de un arte autónomo desvinculado o indiferente ante lo social. Desde esta perspectiva crítica, lo político en el arte constituye una dimensión en la que se traman operaciones y discursos en compleja interdependencia: las formas de entender la práctica artística y su relación con la sociedad, expuesta en programas y manifiestos poético-políticos impulsados por los artistas, los espacios de circulación en los que las obras apuestan a incidir, las estrategias de interpelación que diseñan y el público al que se dirigen, las búsquedas experimentales y las exploraciones formales a través de las cuales los límites institucionales del arte son puestos en cuestión, los vínculos –en ocasiones conflictivos- con partidos políticos, organismos de derechos humanos, movimientos sociales y grupos de militancia sexual.

El circunscribir el dominio de pertinencia del Laboratorio al arte latinoamericano supone no solo abordar el arte producido en América Latina, sino asimismo considerar la obra de artistas latinoamericanos residentes en el exterior y las condiciones de posibilidad de dicha producción (exilio político, diáspora, becas de estudio, residencias para artistas, etc.). Al mismo tiempo, se pretenden estudiar los intercambios y confrontaciones de sentido, las apropiaciones, desplazamientos y traducciones críticas entre tales prácticas y las producidas en otros contextos, desde una perspectiva teórica que problematice estas relaciones fuera del tradicional esquema centro-periferia, en el que el arte latinoamericano aparece valorado como una derivación o reverso tardío de las formulaciones artísticas gestadas en los centros internacionales. Tal esquema se afirma sobre un duro binarismo en el que los flujos estéticos son pensados en términos de una circulación unidireccional Norte-Sur de los repertorios formales, pasando por alto no solo las complejas articulaciones de poder que involucran tales procesos, sino asimismo los modos en que las prácticas latinoamericanas contribuyeron a incidir en otros escenarios, afectando así la producción artística de los mismos. Se trata de construir genealogías críticas que pongan en cuestión las narrativas trazadas y administradas por la historia del arte canónica y posibiliten pensar el “arte latinoamericano”, no como una “otredad” estable y definitiva, sino como una plataforma de enunciación política desde donde desmontar los relatos dominantes y movilizar un cuerpo teórico atento a la producción de sentido de las prácticas artísticas en América Latina.

La noción de Arte Contemporáneo hace referencia al arte situado entre la segunda posguerra y el presente, es decir, entre el desarrollo de las sociedades del capitalismo de consumo caracterizadas por una potente expansión de la industria cultural en el marco de la nueva organización simbólica y geopolítica trazada por la Guerra Fría y la actual fase del capitalismo “cultural” o “cognitivo”, en el que asistimos a la colisión entre los registros del sistema económico-productivo y el orden de la producción simbólica (de las prácticas culturales y de la representación). En el presente las economías se arrogan el poder de investir identidad, produciendo a escala planetaria una “subjetividad flexible” que instrumentaliza las formas de subjetivación disidentes inventadas por los movimientos artísticos y contra-culturales de los 60 y 70 volviéndolas el combustible que aceita la maquinaria del nuevo orden capitalista, en el que la producción y distribución de simbolicidad ha devenido en el gran motor generador de riqueza. En relación con los procesos artísticos, el Arte Contemporáneo se ubica entre la crisis del paradigma modernista a partir de la emergencia de los planteos de la neovanguardia en los años sesenta y los desafíos críticos que interpelan al arte del presente en el contexto del capitalismo cultural y las nuevas “industrias de la subjetividad”.

En relación con el contexto social y político, interesa señalar, en el caso del arte latinoamericano, tres coyunturas. En primer lugar, el escenario diagramado por el imperativo revolucionario durante los años 60 y primeros 70. En este marco, las artes desbordaron de manera radical sus marcos institucionales, en la apuesta por incidir en la transformación colectiva de las condiciones de existencia y en la activación de nuevas subjetividades políticas. El arte puso en cuestión sus límites, desplegando experimentos poéticos y formas de acción que apuntaron a extender sus efectos críticos más allá de su territorio. Transformar el arte implicó, en estos años, no solo una exigencia estética, sino fundamentalmente una apuesta política por transformar las formas de vida. La siguiente coyuntura se ubica en la segunda mitad de la década del 70 y primeros años 80, período en el que la violencia de las dictaduras en los países de la región, canceló de manera traumática los programas poético-políticos sostenidos por la vanguardia en sus alternativas de cambio. En este contexto el arte debió redefinir estrategias y repensar formas de acción que le permitieran resistir o articular un discurso crítico en medio (y a pesar) del horror. La apertura democrática en la década del 80 inaugura una tercera coyuntura, en la que diferentes iniciativas dirigidas desde el arte apuntaron a tender un puente con las prácticas de los 60 y 70, para reinscribir algunas de sus estrategias en el nuevo escenario político, a la vez que articular un ejercicio crítico de la memoria que apuntara a la elaboración del pasado traumático. Este desarrollo coindice con un desplazamiento desde el modelo antagonista y transgresor de la vanguardia a un ejercicio micropolítico del arte centrado en el desmontaje crítico de los sistemas de representación dominantes, en paralelo a la implantación de los modelos neoliberales en América Latina y el despliegue de las formas de subjetivación administradas por el capitalismo cultural. Si esta nueva etapa del capitalismo se caracteriza por la producción de la subjetividad y la instrumentalización neutralizante de la disidencia, el arte del presente define su apuesta micropolítica en el trazado táctico de modos de intervención diversos y simultáneos, mediante los cuales poner en cuestión las mecánicas de poder/saber dominantes y los regímenes de representación que les son correlativas, así como movilizar la construcción de vectores de subjetivación alternativa.